Romeo y Julieta en Cuba
“Quieres lo que todo el mundo quiere, quieres un amor que te consuma, quieres pasión, aventura, e incluso un poco de peligro”

Bienvenidos a una nueva

entrada de mi página, en el día

de hoy les hablare, con

intención de asumir un tono

romántico, sobre Romeo y

Julieta, pero no sobre los

creados por Shakespeare, sino

sobre una pareja de la vida

real, una conmovedora historia de amor

que ocurrió en La Habana del

siglo XX, hoy conoceremos la

historia de : Romeo y Julieta

en Cuba.

 

Romeo y Julieta en

Cuba.

Romeo y Julieta en Cuba

 

Esta historia de Romeo y

Julieta en Cuba , fue

protagonizada por

Catalina Lasa y Juan

Pedro Baro, ambos

pertenecientes a la alta

aristocracia habanera. El

amor comenzó en uno de

los grandes salones de la

aristocracia cubana.

Ambos participantes de

un deslumbrante festín,

la mirada de Catalina

Laza encontró los ojos del

caballero Juan Pedro

Baró, uno de los

principales hacendados

de la Isla. El prefirió no

reparar en que Catalina

era casada y se quedó

mirando toda la noche a

aquella hermosa dama,

descrita por la prensa de

su época como una maga

halagadora (ganadora de

concursos de belleza en

1902 y 1904) .

Catalina Lasa

“Hay un tipo de amor que te lleva a creer que todo es posible”.

Los dos cubanos sostuvieron un

diálogo corto y protocolar, pero

desbordado de ternura. Catalina

empezó a sentirse inquieta, algo

había deshecho al aparente

equilibrio de su sólido

matrimonio. Como solo saben

hacer los buenos amantes,

Catalina y Juan Pedro se vieron

sin que nadie lo supiera. Pero sin

esperar mucho, desesperados,

quisieron hacer público su amor.

Ella se atrevió a pedir a su esposo Luis

Estévez Abreu, hijo del primer

Vicepresidente de la República, la

disolución del matrimonio. No fue

escuchada y se fue con Juan Pedro a vivir

grandes alegrías, pero también

momentos muy dolorosos.

 

Romeo y Julieta en Cuba

La alta sociedad habanera estaba

escandalizada ante tal evento, y

cuentan que, durante un concierto en

el Teatro Nacional, al llegar Catalina y

Juan Pedro, los asistentes se

levantaron de sus asientos y se

marcharon, la orquesta continuó

tocando para los dos enamorados. Al

finalizar el concierto Catalina se

desprendió de sus joyas y se las lanzó

al escenario a los músicos, en gesto de

amoroso agradecimiento.

 

Tuvieron que abandonar la Isla con destino a
Francia. Aunque extrañaban la luz y los
colores de La Habana, el familiar ambiente de
París ambos, les aliviaba del viaje que había
resultado tácitamente un destierro. A pesar de
que Catalina no era todavía libre de su
anterior matrimonio, los amantes se casaron
por las leyes francesas. Posteriormente
acusados del delito de bigamia, tuvieron que
huir del país. Recorrieron Europa disfrazados
y con los nombres cambiados.
Necesitados de comprensión y apoyo, viajaron
a Italia, donde la fuerza del amor les hizo
traspasar los umbrales del Vaticano. Fue
entonces cuando contaron de sus penas al
Santo Pontífice, que los bendijo, y dispuso la
disolución del matrimonio de Catalina con
Luis Estévez Abreu. Los amantes pudieron
regresar a La Habana. Luego, en 1918, Catalina
pudo divorciarse en Cuba, tras ser aprobada
por el presidente Mario García Menocal la Ley
de Divorcio y ese mismo año se registró el
divorcio oficial entre Catalina y Luis Estévez,
siendo este el primer divorcio registrado en
este país.

Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, se

impusieron ante una sociedad hostil,

para defender la pasión que los unía. En

1919, al costado de una estrecha calle del

Vedado (Avenida de Paseo), empezó a

levantarse un singular palacete

inspirado, en el estilo del Renacimiento

italiano. La construcción, que marcaba

un punto de giro en la arquitectura

cubana moderna, constituía un nuevo y

duradero desafío para la aristocracia. El

secreto se develó quince días antes de

inaugurarse la mansión en 1926: la

dueña era Catalina.

Romeo y Julieta en Cuba

El día de la inauguración toda la entrada

estaba cubierta de tulipanes importados.

En las invitaciones destinadas a la misma

aristocracia que años atrás se había

ofendido con el amor de Catalina y Juan

Pedro, se anunciaron los regalos que

todos recibirían: pinturas de famosos

artistas del momento.

Un fino regalo que llega hasta nuestros

días, le hizo Juan Pedro a Catalina.

Sembró en los jardines de la casa una

rosa única, nacida de un injerto hecho

por floricultores habaneros del jardín El

Fénix, y bautizada con el nombre de la

enamorada: Catalina

Pero la felicidad no duro mucho tiempo,

solo cuatro años. Pues la salud de

Catalina se fue desvaneciendo. Él se la

llevó a Francia, donde ella muere el 3 de

diciembre de 1930, entre los brazos de su

esposo.

El cuerpo de Catalina, embalsamado,

llegó a Cuba en el vapor francés

Meñique, siendo enterrada en la que

sería su eterna morada, el panteón más

lujoso del Cementerio de Colón de La

Habana . En el interior del panteón, de

mármoles blanquísimos, entra todas las

mañanas la luz a través de cristales

franceses que conforman un encaje de

rosas. En la entrada, dos ángeles a

relieve sobre puertas de granito negro

suplican paz para el alma de los

enamorados.

Juan Pedro murió tras diez años de

haber enviudado.

En 1940 fue clausurado el panteón de

una manera inusual: sobre Catalina y

Juan Pedro, se fundieron losas de

hormigón in situ para que nadie pudiera

profanar las tumbas. Se cuenta que él se

hizo enterrar de pie para cuidar

eternamente el sueño de su amada. La

tumba nunca más se abrió, y hoy es

visitada por muchos, como si se tratase

de otra tumba dedicada a Romeo y

Julieta.

Necrópolis de Colón

Y así concluyo esta hermosa historia de

Romeo y Julieta en Cuba

 

“El amor es un riesgo para todos”.

 

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para otros también conozcan esta

increíble historia.